Las golondrinas son las culpables.

Por Alejandra Merino Villegas

Gustavo Adolfo Bécquer escribió en la rima LIII una descripción de la migración de las golondrinas; sin embargo, sobre la descripción de aquellas mismas aves regresando, es inexacta; algunas golondrinas viven hasta 11 años. Es un poema, en fin. Pero a veces la repetición de un mismo ciclo se da de manera idéntica; a veces los detalles cambian, a veces no. Por lo tanto, me aliento cuando repito de forma constante las idealizaciones de amores pasados. Estoy en una eterna nostalgia y por lo mismo me acuerdo con culpa de las decisiones tomadas.

A veces la culpa actúa como una forma de cambio y otras solo me encasilla en la perspectiva social del deber ser. Hoy la culpa va a actuar como la fuerza de cambio. Anoche tuve una conversación avivada con un vínculo; yo discrepaba en la forma de comunicar un deseo y él me decía que estaba haciendo pataleta. Me dieron ganas de explicar que no estaba haciendo un berrinche y, en vez de eso, terminaré esa vinculación hoy. En estos días he estado viendo muchísimas publicaciones del libro “Crimen y castigo” de Fiódor Dostoyevski y estoy segura de que este libro es uno de mis favoritos. Aquellas que han leído este libro saben que la primera parte es un acercamiento detallado a un asesinato y eso atrapa a las lectoras. Pero ¿por qué el libro de “Crimen y castigo” es indispensable para explicar el término de mi vínculo?

El libro de “Crimen y castigo” es una declaración de culpa y la mayor parte de los días, por cualquier tontería relacionada con mis creencias, valores y desarrollo personal, me siento culpable al nivel de ser una asesina o al menos en la forma de castigo que recibo cuando exteriorizo mis límites y, para variar, termino respetándolos. El problema de la conversación con mi aún vínculo radicó en haberle pedido, por favor, me avisara si se iba a dormir y, además, me clarificara, por favor, cuál era el plan antes de vernos. Odio la indecisión y los planes de último momento porque casi todo el tiempo ya tengo asignadas tareas específicas para ciertos horarios, cabeza de mamá, organización de mamá y, más profundamente, soy un ser humano regido por la necesidad de control la mayor parte del tiempo y aseguro que también a todes les pasa.

Sonará en la cabeza de más de alguno la exageración creada con base en sus propios límites: “¿Cómo algo tan insignificante se ha vuelto parte de un escrito?” y, sin chistar, habrá más de uno poniendo excusas sobre un desconocido. Hoy al atardecer, con flores en mano y un discurso ensayado sobre mis molestias y dispuesta a escuchar, llegaré expectante por la finalización de un vínculo. Para mí, este vínculo podría haberse sostenido más y la culpa estará al menos dirigida al cambio. Y bueno, concluyendo, las golondrinas en el poema de Bécquer coinciden con el retorno de la primavera porque su migración se da en climas más cálidos y volarán hacia el sur.

Nota: Jamás compre las flores

Libros

La soledad de los números primos – Paolo Giordano

El Sentimiento de culpa – Laura Rojas-Marcos

Confusión y sentimientos – Stefan Zweig

Apegos feroces – Vivian Gornick

Música

El lugar correcto – Natalia Lafourcade

Culpables- Heroes del Silencio

Culpable –  Los bunkers

All Apologies – Nirvana

Mientras me curo del cora – Karol G

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Soy Alejandra

Bienvenida(e)s a Golondrinas y Ovejas un pequeño blog personal donde escribo sobre viajes, lecturas y no monogamias. Disfruto leer y quejarme del mundo en general.

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