Por Alejandra Merino Villegas
Nostalgia
Ahora estoy de regreso.
Llevé lo que la ola, para romperse, lleva
—sal, espuma y estruendo—,
y toqué con mis manos una criatura viva;
el silencio.
Heme aquí suspirando
como el que ama y se acuerda y está lejos.
Rosario Castellanos
Querido,
Aunque desconozcas mis conocimientos sobre tus flores favoritas aun las recuerdo como si fuese marzo. Se los claveles rojos en un florero permanecerian décadas si los pudieras tener ahí. Plantarias un jardín de frutas y vegetales y yo lo arrancaría para eliminar todo rastro de ti. También recuerdo las supersticiones sobre tu espalda y la vela en la esquina de tu casa con alcohol. Se, odias el calor y dormir sin abrazarme y reconozco en las sombras deseas tenerme ahí llorando. Se amas a tu familia como yo amo a la mía y también somos tan diferentes. Mientras te amo hasta la medianoche tu buscas y buscas marcharte. Es cierto, vivo en la nostalgia de las tardes acompañados, a veces en silencio otras sabiendo cuán competitivos somos. Ninguno de los dos perdería jamás. Y ahora me dirán los doctos de las relaciones diversas y las feministas más radicales “ eso es el amor romántico” pero me acuerdo y no encuentro otra forma de expresar estas sensaciones brotando de mi estómago.
Podria regalar más flores a otros, a los cualquiera y buscarme la comodidad en sus casas pero aún entre la oscuridad de la habitación en mis días más oscuros hubo un tiempo donde si queria estar ahi, tocandote la nunca llena de puyas y las rodillas. A veces leo a Rosario Castellanos y veo la película “Los adioses” y me describo como aquella naciente y sufriente, su obra está encarnada en mí. Doy por entendido que no sabrás quien es la magnífica Rosario Castellanos pero puedo comparar todo eso con la llama ardiente de regresar a donde perteneces. Y ese, ese guardado en la nostalgia, ese puro y amigable ese se desapareció entre los árboles de durazno de Palisade. El mentiroso y el embustero al cual no amo se fragmentó en la Highway 25 y los bares de la avenida norte y los números de teléfono… Querido ahí donde estaba él, tu, no hay más que las palabras de quien fuiste en mi cabeza. No hay perdón… y el olvido… llegará.
Con amor,
Aleja
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