Por Alejandra Merino Villegas
Hacer cosas por mi bienestar no me han garantizado ni la felicidad ni el amor propio pero si me han garantizado probar una decena de veces la lengua de un adicto al cigarro y ha sido diferente en cada ocasión, algunas veces asqueroso, otras mortuorio y otras más es como tomar una infusión de hojas de árbol de limón, refrescante y tranquilo, aromatizante. Asimismo ver esa lengua ondulante es una búsqueda inalcanzable de patrones desgastados, a veces más anchos, como si la lengua fuera perdiendo todo aquello que la compone, se nota la pérdida del gusto, se cae a pedazos desde la punta hasta un requiebre en la mitad de la lengua. Soy meticulosa con la vista y catadora detallista. Me concentro en mirar bien aquella lengua.
Aseguro, esa lengua es la recriminación de toda una semana intentando buscar inspiración para mi segundo blog de julio y nada inspira más que la pérdida de la amistad y encontrarme en la epitome de las prueba de ser engañada por un infiel serial por dos años (ya es agosto). Perdí la amistad de Azu, perdí la amistad de Matías y tratando de encontrar explicaciones para no sentirme tan abandonada terminé leyendo Pequeño tratado sobre la amistad de la escritora Joana D’Alessio. Dicho libro trata sobre la amistad del personaje principal con cinco amiges , cuatro mujeres y un hombre. Es acogedor las muestras de diversidad entre las vinculaciones amistosas, algunas amistades ayudan, están presentes físicamente, emocionalmente, otras te acompañan entre las sombras de la libertad y luego están las que son libres.
Todas ellas satisfacen las necesidades de la personaje principal. Enseñan la importancia de no mimetizarse con una sola persona. Por lo mismo, el azoro de no saber por qué Azu me bloqueó y se marchó. Azu era mi amiga en línea de Mexicali, con ella leía un libro al menos al mes, con ella por lo menos supe que los libros de misterio no eran tan aburridos como deseaba fueran. Azu me acompañó durante un año cuando mi familia se marchó de casa, procuraba llamarme y hablaba sobre su trabajo, los chismes de la oficina. Yo también trabajo en una oficina pero al ser remoto todo jamás veo a mis compañeros. era, siempre, un día venturoso estar con ella y cuando la perdí entendí la ligereza de todo aquello construido. Una frase en el libro de D’Alessio puso en palabras mis sentimientos estruendosos de pérdida “ Mis amistades más profundas están basadas en los relatos de los fracasos (21)” Azu no hacía de su vida una mentira, contaba todo tal cual y decía sin mentir, nas veces con prudencia otras sin ella, como era su alrededor, eran por supuesto todes unos pendejos.
A ella podía contarle sobre mi matrimonio, sobre la familia y las horas imperfectas de ser madre, Azu escuchaba, juzgaba los libros leídos y me contaba porque no todos los libros son grandiosos. Ella me enseñó a comprenderme, a amar la lectura y entender que no por leer 20 libros al año iba a ser menos mejor que las lectoras de 100 o menos mejor que los lectores estoicos de 120 libros. Sin embargo, la distancia entre nuestra edades, interpuso de manera natural una brecha de ideales a ella jamás me hubiese atrevido a contarle sobre la lengua de un adicto al cigarro, nunca pude decirle sobre el poliamor o sobre la extraña y obsesiva relación con “mi amorcito”. A quien sí pude contarle mis extrañezas fue a Matías, él es como Juli: “Juli es mi mejor amiga, hablamos todo el dia y de forma continuada, desde mañana hasta noche…(33)”
A Matías podía contarle sin muchos adornos mis más profundos pensamientos relacionados a hombres y su cortejo, él casi nunca me daba la razón y yo casi nunca se la daba a él.* A veces Matías también se parecía a Gimena otra de las amigas del libro Pequeño tratado sobre la amistad. Gimena en el capítulo 4 página 44 estipula “Los novios ya no vienen como antes, ahora son como la comida esa que viene en platitos chiquitos, es la nueva moda”, esa frase se me queda porque Matias como yo no entendemos de tibiezas en cuestiones amatorias pero desde nuestra trinchera, el de la búsqueda del amor de su vida y yo desde la búsqueda los amores de mi vida y más. Por consiguiente tuve que bloquearlo y pelear con él, él se fue diciendome sin rencores y yo respondiendo lol que mal. Parecía una pelea de niños lanzándose tierra o mostrando la lengua.
A Matías podía contarle porque la lengua de un adicto al cigarro es trivial a la hora de verla de cerca. Hubiese sabido sin mucho porque esto tan propio de un ser humano salía a rebelarse como profundo y en verdad no lo era, es solo la parte dañada de un cuerpo sin consideración por si mismo. Y el duelo por esas amistades me dejo apunto de un cáncer de garganta y me dejó con la sorpresa de saber que no todes pasan un duelo por amistad, solo transitan en solitario el camino hasta socializar con otres, preguntó ¿Has visto y probado la lengua de un adicto al cigarro?
*Matías y yo seguimos amistados. Nos pedimos disculpas.
Recomendaciones:
Libros
Pequeño tratado sobre la amistad – Joana D’Alessio
Las chicas – Emma Clinne
Mis amigas estan cansadas – Iveth Luna Flores
Canciones
Tengo que contarte – Natalia Lafourcade y Julieta Vengas
Héroe – Evic
Melón Vino – WOS
Sirena encantada – Miguel Morales, Juan David Herrera







Deja un comentario