Por Alejandra Merino Villegas
He advertido constantemente la voz de aquel hombre con tono vengativo decirme “ si te lo tengo que pedir ya no lo quiero” o de forma más sutil “ hago lo mismo que tú haces”. Caigo en cuenta de la dificultad de la comunicación con los hombres heterosexuales cuando se trata de vincularse desde la monogamia. En los últimos meses los diálogos repetitivos para centrar acuerdos, con el ya mencionado hombre, fueron de las mismas preguntas: ¿seguimos en esto?, ¿somos esto?, ¿has tenido encuentros sexuales con otras mientras no estuvimos juntes? Todo gira y gira y toma la misma vuelta pero ¿cómo definir si no volvía a preguntar? El se exasperaba con mis preguntas aclaratorias y yo me cansaba de dar todo por sentado y de leer su mente y de adelantarme a cualquier hecho para no lastimar sus sentimientos.
Particularmente, prever en este tipo de relaciones monógamas y heterosexuales es la cotidianidad de las mujeres y de algunos hombres deseosos de amor romántico. Saber qué quiere el otro antes siquiera de saber que quiere. Esta aseveración no es un pensamiento aislado, ni soy la primera en cuestionarme ¿Por qué las relaciones monogámicas y heterosexuales quieren mimetizarse aunque sin la profundidad del ¿Qué necesitas? y la respuesta al ¿Qué necesitas? y hay un capítulo de “¿Y los Hombres que?” de Caitlin Moran donde habla sobre los gurú de la conquistas, hombres con más coito que “amor verdadero”, este capítulo explica muy bien este fenómeno de no pedir y no querer si lo pidieron. La única forma de obtener algo es practicar un diálogo del supuesto deseo del otro para obtener un deseo propio. Y aun dentro de esta práctica nunca se llega a profundizar en el conocimiento de la pareja porque no pedir, no aclarar y vocalizar no nos hace conocer al otro.
Esta falta de conocimiento mengua la comunicación de nuestras necesidades y el adelantarse en algún momento al deseo del otro como un regalo, una conexión o simplemente un acto de amor. No como un berrinche o rechazo porque no se nos brindó algo no comunicado. Aproximándome a explicar entre un lodazal de las siembras de mi pueblo, la frase “ si te lo tengo que pedir ya no lo quiero” parece algo sacado de un no regulado, porque está en su más tierna infancia, nene de 2 a 5 años. Porque, desde mi perspectiva de madre, las niñeces requieren cosas no nombradas para suplir necesidades de atención física, emocional y afectiva. Es decir, desde niñas/niñes se nos enseña primero a no pedir lo intangible ( para sobrevivir. Porque es parte de la labor de las madres y padres) y pedir lo tangible (algo con lo que si nos podemos mantener sin vida).
Bell Hooks en su libro “Todo sobre el amor” detalla “ A medida que nos desarrollamos aprendemos a dar y recibir atención, afecto y alegría. La posibilidad de aprender a amarnos y amar en general depende del entorno en que nos criamos y del amor que lo caracterice” (60). Es decir, si el medio ambiente donde nos desarrollamos no nos enseña a solicitar, crecemos con la idea de un psíquico amatorio. Puro sueño traes, van a pensar, porque no todo viene de la niñez, al final decidimos cómo lo desarrollamos pero en particular esto de no pedir y no querer lo pedido lo asocio , ademas, a no repensarnos desde otros lugares o no amar desde otras formas con tal de no perder control, algo muy comun del sistema construido alrededor de la unica forma “real” de relacionarse: La monogamia heterosexual.
Y es mas facil buscar el por que de las ideas monógamas heterosexuales, sin embargo, ¿por que como personas relacionándonos de formas diversas aun nos afectan frases del tipo: “ si te lo tengo que pedir ya no lo quiero” o de forma más sutil “ hago lo mismo que tú haces”? Desde mi aprendizaje en mi lapso monogamo y heterosexual juzgamos desde nuestro entorno, desde el supuesto crecimiento y entendimiento de los vinculos y las relaciones pero no es para todes la no-monogamia y quiza identificar a aquelles que quieren relacionarse de la forma en la que nosotres lo hacemos es mucho mas gratificante. En conclusión, si no me lo piden no lo doy porque en realidad no lo quieren.
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