Solo conocerás mi nombre

Por Alejandra Merino Villegas 

Es quince de octubre y la tarde de ayer salí a caminar como disciplinadamente me he propuesto desde hace un año.. Había una tormenta delicada y las hojas de los árboles apenas se estaban secando. Las primeras nevadas en el norte y noroeste de Colorado son un hecho y el clima es tan templado en Denver y se siente como la primera vez en la que recogí las hormigas después de la lluvia y se siente como el agua del río donde nos bañábamos en Neutla. Me puse una de mis chamarras favoritas, es de un naranja llamativo. La lluvia estaba helada y me empapo la cara. Hay libertad en caminar bajo la lluvia pensando eres tan única y luego viene la realidad dos o tres corredores más atrevidos vistiendo apenas un short y unos 10 kgs a la espalda. Cambie la canción a “Madrugada” y con voz dolorida, entone:

 “….Mi conciencia hoy quiero sedar

Para no sentir culpa, para no sentir orgullo

Para no sentir que lo que yo tengo

En verdad es todo tuyo

Para no sentir horror

Mas allá de tu traición…”

Esta canción ya no representa una sombría madrugada pero me recuerda la sensación amarga de vivir un día a la vez sin querer cambiar lo inmutable. Y entre las gotas de agua recobra el sentido de lo irrepetible entre lo mismo, todo es agua desvaneciendo, corriendo y luego deteniéndose entre pequeños riachuelos. La romántica idea de la lluvia es como el recuerdo del pequeño Pedro Páramo en la casa de su abuela y esa escena tan peculiar me recuerda los jarrones de barro y las begonias de la casa de mi abuela paterna y se siente cálido mi cuerpo. No estoy en la calle Juan Aldama en ese humedal, estoy entre la Dayton y la S Valentia st. y corro para escaparme de cualquier rumeo cerebral. 

Al detenerme resuelvo la pregunta de mi sesión con la psicóloga pasada, quiero y estoy segura de ya no estar. Porque las conversaciones más banales que he tenido últimamente con hombres son sobre la tragedia más ávida: la subversión de una novia, esposa, amante o pareja a través de la falta de desayuno y almuerzo para el trabajo u otros problemas como la eterna relación de la interesada buscando un masculino para llenar una triste concepción de los roles de género. Se de antemano estoy mejor, apesar de tanta estupidez escuchada,  porque en la serie de “La vida sexual de las universitarias “ hay una escena de Leighton confesando a Kimberly es lesbiana, esa escena me conmovio. 

Está nublado, sin lluvia con una mujer paseando a un perro muy viejo. Paso al lado de ellos, cruzó la calle sin más dudas de lo que quiero.  

Recomedaciones:

Libros:

La historia del amor – Nicole Krauss

Frankestein- Mary Shelly

La Lluvia antes de caer- Jonathan Coe

Cronicas del gato viajero- Hiro Arikawa

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Soy Alejandra

Bienvenida(e)s a Golondrinas y Ovejas un pequeño blog personal donde escribo sobre viajes, lecturas y no monogamias. Disfruto leer y quejarme del mundo en general.

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