Por Alejandra Merino Villegas
La mirada del bosque y la presencia de los cuerpos invisibles, abandonados entre las rocas me dan miedo. Siento una vibración en la espalda y los brazos, como si alguien me jalara los dedos con fuerza. Camino más rápido y vuelvo para ver si nadie me sigue, no aparece nada. El bosque produce silencio, las aves no silban, el río no gorgotea, los árboles no se agitan. Estoy sola, el camino del lago de Mesa parece interminable, estoy a la mitad, dos millas desde la entrada y dos para la salida. Mis pensamientos trabajan duro para relegar las fuerzas de la mano impalpable entre mis dedos. Siempre he creído en las energías, las intuiciones, los no vivos, las almas perdidas, la brujería, las premoniciones y todo aquello de maldad intangible.
Ese bosque era un vertedero de cuerpos palpables e inmateriales. Ahí me vinieron como premoniciones de las primeras semanas en las que me habría marchado. Veía el número en terminación 3839 con un vuelco de mensajes de una docena inacabable, el asunto de cada mensaje “vientre de alquiler”, “ Alejandra inconcebible”, “ Aborto 2025” , “abuso psicológico” «diabólica tentación» y los asuntos cada vez más terribles. No pude evitar soltar la carcajada cuando repetía “I want to be dad”, “I want to be dad”, I want to be dad” y luego hubo llanto. La premonición se cerró tras el sonido de la radio “¿Cómo vas? ¿vas bien? ¿ya casi regresas”. Regresé corriendo porque mis pulmones se llenaban de un extraño polvo azul y comencé a toser. Ese día escapé del bosque.
A la salida del bosque alcance a mirar los peces saltando en el lago, aún había hielo y algo de nieve mal colocada. Esa noche un sueño me atrapó con las garras de la intuición y me levante a revisar el celular, por descuidada alumbre la cara de mi acompañante en la oscuridad, su cuerpo era un bulto de pelos oscuros, asquerosos y babeantes, su rostro estaba derretido y su compañera, un alma de maldad intangible, rodeaba su garganta. Levantó la mano en forma de saludo mientras se despedía de mi “gracias por regresarme a él”, me vestí rapidísimo y salí de la casa. Regresé a las 4:30 am y él y la maldad intangible seguían durmiendo.
Ese día aproveché para repasar algunos libros entre ellos “La mano que cura” de la escritora Lina Maria Parra Ochoa, hace un par de semanas había terminado de leerlo y como otra premonición mi cabeza giraba entorno a las primeras líneas sobre las moscas, ese día en la casa había 3 moscas y al día siguiente hubo seis y así hasta el día en que me fui. Las moscas se iban cuando él se iba y regresaban cuando él regresaba. Desde el día del bosque todo parecía una coincidencia con conexiones. ¿Era esto parte del duelo? Era la parte concluyente, la aceptación, fue cuando hice conciencia sobre la dureza con la que trate a Claudia por el último mensaje escrito por ella para mi, solo fue una despedida sutil y una preocupación genuina por pensar en darle una última oportunidad a ?
Hoy a las 7:01 pm los sueños y las premoniciones se cumplieron pero la maldad intangible estaba donde debería estar. Estaba con el cuerpo al cual pertenecía. Y de Claudia no supe más, pero algo sí tenía y era la razón de su preocupación. Aunque de tantos rezos de mi madre una vez más, la puerta del adiós se abrió inmenso y escapé. Amen.
Recomendaciones:
Música:
La nostalgia- Julieta Vengas
Sabre olvidar- Silvana Estrada
Tu sombra de pie- Flor de Jamaica
Me va a costar- Kevin Kaarl
La mexicana- Paloma Morphy
Libros:
La mano que cura- Lina Maria Parra Ochoa
Escupamos sobre Hegel- Carla Lonzi
Montañas de la locura- H.P Lovecraft







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