Por Alejandra Merino Villegas
Jose Alfredo Jiménez es un conocido cantautor originario de Dolores Hidalgo, Guanajuato, México. Compuso y cantó la canción, quizá, más famosa de Guanajuato y con la que a los guanajuatenses se nos identifica: “Caminos de Guanajuato». Dicha canción contiene el verso más memorable de la música ranchera mexicana: “La vida no vale nada, no vale nada la vida”; sin embargo, he de admitir que “Las botas de charro”, en conjunto con “Cuando sale la luna”, son mis canciones preferidas. La primera me recuerda a Alejandra de 15 años en el explorer de mi madre, cantando a la par de mi hermano, y la segunda da un aura de nostalgia a mis caminatas de 4 millas todos los días, como si la fuera a dedicar a un gran amor. Y entre esa música con la que crecí, he llegado a revalorar mi entorno y a empezar a escuchar cantautoras igual de valiosas de Guanajuato, como Amalia Macías, quien compuso “Prisionera”. “Prisionera” es una canción descriptiva de las tan preciadas ganas de escapar de un inoportuno masculino.
La música ha sido una gran acompañante de las benditas mañas* de mi cotidianidad por ejemplo el 18 de abril del 2025 a las 6:26 pm sonaba en los altavoces del estudio mi tatuadora “Sol” de teeam revolver y mi celular, también, comenzó a sonar…la ingrata voz de ahora un cualquiera me reclamaba “¿Por qué no respondes? ¿con quien estas? ” en ese momento me entra una ansiedad por calmar ese reclamo y especificaba las señas más detalladas de mi desaparición, una foto, dos fotos para amenizar, benditas mañas las de la empatía con todo aquel que me lastima. La calma no llegaría hasta mi regreso a Denver cuando en medio de la oscuridad de mi habitación una silueta me alcanzaba con un dramatismo peculiar y me especificaba “ jamás te volverás a marchar sin mí, fuera del país solo saldremos juntos”. En ese momento adoptada por la droga del amor suspiraba por tan gratificantes palabras. Meses después descubriría, gracias a un artículo de mi guapísima Claudia, la normalización de la violencia. Claudia igual me contaría sobre dos casos de dos mujeres violentadas a pesar de su inteligencia, habilidades críticas, feminismo y conocimiento sobre el rubro académico y social.
Indudablemente, en lo profundo de mi cerebro tal conclusión ya la sabía pero me resistía a soltar por esa bendita maña de esperar a que algo cambiara en ese personaje. Nunca cambió, las violencias incrementaron, un día ya solo no me podía resistir a llorar y me refugiaba dentro del closet por horas cuando él no estaba para calmarme. No tenía ganas de nada pero cuando él llegaba mi rostro se iluminaba y todo estaba preparado para él. Benditas mañas porque mi cerebro aun tan aislado del exterior, de mis amistades y a veces hasta de mi familia gritaba ayuda, gritaba sal de ahí y se ponía una máscara a veces de felicidad hasta que explotaba.
La rabia, una vez que se fue de mi casa, nació de las palabras tan agotadoras de la eterna discusión de ser una exagerada o estar loca. En ese momento, las canciones que más escuché eran “Vete de una vez” de Daniela Spalla y “Madrugada” de Enjambre; me daban cierto aliento cuando se referían a un futuro o cuando se hablaba de culpa. El enojo sacó de mi absorta memoria escenas peculiares de celos exacerbados por nimiedades, como la comunicación muy necesaria con el padre de mi hija o las visitas a mi hija. Llegó el momento en el que el fondo dejó de estar en el fondo porque veía cómo sus palabras tergiversaron mis palabras para victimizarse o arrastrarse a lo más lejano de la superficie. Una táctica muy peculiar del macho violento para eludir responsabilidad. Al final, solo escuché “Si te vas te olvido” de Diomedes Díaz y Gonzalo “Cocha” Molina y terminó.
Benditas mañas al no acompañarme solo del silencio para salvarguadarme. Esta bendita maña de la escritura por otra parte y a la par de 3 o más personas me acompañaron en el proceso de entender ¿por qué? ¿por qué me costó tanto soltarlo? Feliz cumpleaños 34 Alejandra, benditas mañas las de no olvidarte de ti porque alguna vez ya habías estado en ese lugar.
Lease: *Esas malditas malas mañas
Recomendaciones
Libros
Mandíbula– Monica Ojeda
En brazos de la Mujer Madura– Stephen Vizinczey
Los privilegios del olvido – Piedad Bonnett
Porno, una historia oral – Polly Barton







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