Por Alejandra Merino Villegas
Estoy leyendo “La policía de la memoria”, novela escrita por Yōko Ogawa, y a la par me dispuse a ver películas similares para entender qué es una distopía; resultó en una película llamada “Dark City”. Tanto el libro como la película tienen el mismo concepto de la pérdida de memoria a través de entidades que buscan quitarle el alma a los humanos. Lo más humano, de acuerdo a Ogawa y a “Dark City”, son los espacios, el lenguaje, el amor, la muerte, el gozo y otros recuerdos relacionados a sentimientos de culpa o deseo. Toda pérdida de la memoria es la pérdida de sí mismo, y por un momento también quise ya no recordar.
Hay un deseo grandilocuente de separar mi memoria de los espacios ya compartidos con sujetos que se marcharon de mi vida y de los cuales nunca aprendí de sus memorias íntimas ni de sus espacios más importantes. Me gustaría entrar a donde almacenan los recuerdos que me pertenecen y quemarlos todos, donde apareciera mi nombre Alejandra, mi casa, mi familia, mi gata, mi comida, las noches en vela por una fiebre, mi amor, mi empatía, mi tacto en su barba, donde apareciese cualquier recuerdo inocuo y vil; me gustaría estar, saquear y destrozar.
Similar a “Dark City”, me daría prisa a sintonizar a media noche una ciudad en el espacio oscuro y lejano, avisando a estos sujetos de su pérdida en el vacío cósmico y me aseguraría, además, de que supiesen del terror de ser la nada frente al siniestro espacio exterior. Reproduciría, como en el videojuego de Bioshock, la música de los 40’s, 50’s y 60’s, la Rima V de Gustavo Adolfo Bécquer como un tenue y nostálgico fondo representándome a mí como el todo. Ellos no sabrían de dónde viene ni por qué su memoria añora a Alejandra. Su memoria añora a.
Sin embargo, he pensado mejor las cosas, y como el cura en el capítulo VI de la parte I del El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, prefiero la quema de todo aquello quimérico o que merezca un castigo por ser recordado para eliminar también de mí a todos aquellos sujetos con los cuales compartí de mi vida ínfimas partes de lo que conozco. Porque cada uno de ellos representa un libro mal leído, mal interpretado y, sobre todo, mal realizado, a veces sin trasfondo, con mal desarrollo de los personajes y siempre a medias. Yol Segura, en su ensayo “¿Qué lleva a una lesbiana a la segunda cita?”, expresaría uno de mis pensamientos más elocuentes relacionados a la construcción de los recuerdos: “…también me molesta la frialdad y la distancia de casi todo el mundo heterosexual: esa incapacidad de tomar iniciativa, o de continuar un vínculo cuando se va sintiendo más íntimo, o de hacer grandes gestos de amor” (90).
Y tal vez se pregunten cuál es la relación entre el ensayo de Yol Segura y el libro de Ogawa o la película de “Dark City”, y la respuesta es que los recuerdos de los personajes principales o de las personas narradas en todas las historias/ensayo se guardan en objetos, frases, lugares llenos de esos grandes gestos de amor. Sin estos, nadie recordaría la pérdida*. Por lo mismo, olvidar por medio del control absoluto de un estado sería, por ahora, una opción válida; me daría la oportunidad de escapar rápidamente y no tomar decisiones sobre otras cosas más profundas relacionadas al perdón y la reparación de mis recuerdos.
Domingo 29 de marzo de 2026
De mí para mí :
El perdón sin reparación es una pendejada. Lo repetí en voz alta para él, para mí y para todo aquel que pudiera escuchar.
*Léase la página 14 de La policía de la memoria de Yoko Ogawa: “¿Cómo es posible añorar lo que no se recuerda?
Definiciones:
Distopía: representación de una sociedad futura sumergida en el totalitarismo o con consecuencias graves en un futuro cercano.
Memoria: capacidad cerebral para almacenar y recuperar información
Recuerdo: imagen del pasado traida de manera consciente al presente
Terror cósmico: Lo aterrador y el miedo a/de la inmensidad del universo,
Recomendaciones:
Música.
El fin del mundo – Mecano
Sinfonia inconclusa en la mar – Piero
Slave Species of the Gods – Blood Incantation
Wasn’t Born to Follow – The Byrds
Libros.
El Cuento de la criada– Margaret Atwood
Cadáver exquisito – Agustina Bazterrica
Mugre rosa – Fernanda Trías
El dador – Lois Lowry
Jugo– Tim Winton







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