Por Alejandra Merino Villegas
Descargo de responsabilidad:
El siguiente escrito es sin duda un “qué pasaría”. Quizá hoy a las 10 a.m. ni una sola cosa de la mencionada a continuación será cierta.
A las 3:10 a.m. del 31 de marzo del 2026, estaba consciente de la serie de infortunios que se acercaban. Desperté a las 2:17 a.m. y un mensaje enviado a la 1:12 a.m. estipulaba: “ya llegué a la casa, estaba cenando y hablando con la otra muchacha, ¿tú cómo vas amor?” Solo respondí “estaba durmiendo, ¿ella sabe que sales conmigo también?”… no hay respuesta porque Santiago duerme. Santiago es monógamo, no hay secreto con eso, él lo dejó claro, y yo por mi parte dejé claro “soy no-monógama”, pero la desesperanzadora verdad de ser la mujer antes de la “relación seria” rompe mi corazón.
Apenas el 29 de marzo, otro de mis vínculos me echaba de su casa, reveló por qué estaba atado a mí; el rencor lo mantenía expectante a cualquier posibilidad de desquite. Esa mañana comenzó a llorar porque tras una fuerte pelea, yo lo eché de mi casa, en primer lugar. Rememorando las condiciones de su partida a las 3:34 a.m. del presente día, era lo menos que merecía y me tardé en hacerlo; antes me había sentido culpable. Las lágrimas en su rostro fueron el compendio de la dolorosa pérdida de comodidad, rutina, control y poder. Supe muy tarde que no era la incomodidad de su dolor amoroso, era su rencor en carne. Y es que hay algunos hombres quedándose con mujeres que odian.
Soy parte de esas mujeres odiadas. Pero volviendo a la respuesta de Santiago, de sobremanera sé, la otra persona no sabe de mí. Cuando a mis ojos llegue esa respuesta, tomaré la decisión de marcharme pues en mi corta vida he tratado de no ser jamás la inseguridad de otras mujeres… isssthh, la línea más presuntuosa que leerán hoy. Sin embargo, mentira no es. Desde ahora me estoy preparando para llorar y un hálito de insomnio por la incertidumbre del “qué pasará” me tiene escribiendo a esta hora.
Y puede ser que esta situación no tenga relevancia porque había decidido disfrutar los momentos compartidos con otras personas nada más, sin ataduras, sin expectativas, aun así, la pérdida de los vínculos siempre me acechan con las palabras meritorias de ser “la no elegida, la desmerecedora de amor” por no relacionarme dentro de la norma. A veces, más que la pérdida de la otra persona, sentirme indigna alienta el malestar de algún tipo de estrés emocional por el cual no tengo deseo de pasar. Me gustaría cerrar los ojos con Santiago y continuar con nuestra vinculación sin importarme los sentimientos de terceros, me gustaría no cuestionarme si es lo correcto o lo incorrecto. Me gustaría estar durmiendo con el exvínculo que me echó de su casa y dejar de pensar en las sesiones de llanto por amor que voy a tener en los próximos días.
Recomendaciones:
Reddit:
“ ¿Por qué tantos hombres parecen desinteresados en sus parejas y sin invertir en sus relaciones?“
“Mi marido dice que me comporto como «el hombre» en nuestra relación.”
Libros:
Todo eso que no sé cómo explicarle a mi madre: (Poli)amor, sexo y feminismo. Sandra Bravo.
Opening up: una guía para crear y mantener relaciones abiertas. Tristan Taormino
Rupturas y no monogamias: Causas, prevención y supervivencia. Kathy Labriola
Amar más allá de la monogamia: Poliamor, de la teoría a la práctica. Lídia Manot







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