Colfax y Havana

Colfax y Havana

Por Alejandra Merino Villegas

A Ruben Dario quien  por fortuna está muerto. 

me gusta tu conejo rosa

gracias

solo queria decirtelo, asi le digo a mi hijo, conejo, y no quería que pareciera que te estaba mirando fijamente 

un lunes cualquiera una madre joven dirigiéndose a mí en la parada del bus 

Soy una incompetente emocional. No sé cuidarme a mí misma de las desgracias mundanas de mi pensamiento. A veces dejo que se burlen de mí, “señor D, jajaja”. Otras, solo callo si me aplican gaslighting: “usted exagera todo. Por eso ya no la quiero ver”. Y cuando apago mi cerebro completamente para ser elegida o bien amada, recibo un par de elogios, a veces en: flores, comidas, dinero, dulces; otras en tiernas palabras: “Te amo”, “Gracias por no pelear”.

Por eso, el domingo 8 de febrero a las 11:23 am, mientras caminaba, respiré tan profundo y por primera vez mi mente se detuvo y tuve tranquilidad, o según mi círculo de emociones, me sentí optimista, pacífica, aceptada, valiente, importante, inspirada y liberada. Ese momento fue tan duradero que las historias de los libros recuperaron su moraleja individual y no estaban cargadas de mis sentimientos. De repente, abogué por mí misma para procurarme y regresar a mí: volar un avión, leer seis libros por mes, andar con pasos pausados pero no en automático. Fui feliz.

Sin embargo, soy tan incompetente emocionalmente que a veces caigo en las garras de la vergüenza por dejarme seducir por falsas esperanzas de un cambio. Sé que hay un juego vengativo frente a mí y me uno siempre porque no siento la culpa suficiente para escaparme de ahí.

Y a un par de meses de mi cumpleaños 34, aún soy una persona insegura. La edad, pensaría, te ayuda a regular emociones desagradables como la necesidad de poseer de forma exclusiva a toda persona que me eligió sentimentalmente, bien fuese por amor, afecto, cariño o sexo. Es desagradable porque hay un aura arrogante en mi manera de hablar con todo el mundo, como si nada nunca en realidad me afectara. Pero me afecta al punto de empezar a cuestionarme todo.

Tan solo ayer, mientras abrazaba a mi novio tratando de calentarme las manos por el frío de las montañas, los horrores de mi incompetencia emocional se suscitaron como las primeras notas de la sinfonía de “Dance of Knights” escrita por Prokofiev: grave, muerte, perdición, desgracias. Este ser vivo abusará de mi nobleza, pero confío en que no me dejará caer y seguiré disfrutando de las altas mesetas y la sensación de fluidez del río. ¿Cuánto de él me pertenece en realidad? ¿Qué estará pensando? ¿Por qué cuando se pone celoso me descarta automáticamente y quiere herirme? ¿Puedo ayudarle? ¿Puedo reducir sus inseguridades? Respire profundo y volví a los venados muertos de la orilla de la carretera. “Debiste ver esto, corazón, durante la temporada de caza había demasiados, tanto que los cuervos devoraban las crías muertas, atropelladas”, me contaba mientras me imaginaba si estaba queriéndolo bien.

… y si un día, ya no soy yo, ya no escucho sus historias… “mira acá fue donde fui a pescar” (me señala el lago), “y aquí comí unas hamburguesas cuando trabajé por aquí, están buenas pero no tanto”. Ya no me cuenta nada de sus aventuras o el desánimo por no parecerle importante lo acecha. He dicho cientos de cosas graves para agredir cuando estoy enojada con él, como “las pequeñísimas cosas que haces por mí” o el infalible “umm, estás muriendo de cáncer o ¿por qué las flores?”, cuando en realidad debí decir “gracias”, puedo reconocerlo, repetirlo, redimirme y arrepentirme. A veces, cuando una estrella pasa, se me concede el perdón y la culpa desaparece. Teniendo tantas herramientas tras 5 meses de terapia para comunicarme… ¿lo estoy queriendo bien? … soy una incompetente.

No tengo la habilidad para dejar de llorar por una de mis amigas que prefirió abrazar primero a su mejor amigo que a mí. ¿Cuál es la jerarquía aquí? me dije. ¿La estaré queriendo bien? “Mi hijo va bien, aunque la adolescencia lo está cambiando. Ale, ¿cómo te sientes? ¿Cómo estuvo tu cita? Te traje un poco de comida, la cocinó mi esposo…” me comenta mi amiga al subir a su auto. ¿Por qué abrazaste a tu mejor amigo antes que a mí? me dieron ganas de decirle mientras masticaba las milanesas que recordó que me gustan y ayer en un mensaje le dije que se me antojaron. Guardé silencio, porque no supe decir “gracias por la comida”.

Creería fuertemente que todo eso que los demás hacen por mí no necesita palabras de agradecimiento porque yo lo haría sin necesitar agradecimientos verbales. Preparación y capacidad para poder querer bien a aquellos que me rodean o para poder amar a la medida sin interferir con mis propios límites. Eso me falta.

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Series

  • Fallout
  • Aniela

Música

  • Un amor distinto – Wounds Music
  • Por sus besos – Tito Double P
  • Carmin- Leon Larregui

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Soy Alejandra

Bienvenida(e)s a Golondrinas y Ovejas un pequeño blog personal donde escribo sobre viajes, lecturas y no monogamias. Disfruto leer y quejarme del mundo en general.

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