Por Alejandra Merino Villegas
Renuncié a mi identidad a los 25 años. No quería 12 hijos ya, ni ser ama de casa, ni ser heterosexual; dejé de amar a una sola persona. Me coloqué el estandarte feminista para empezar, y las críticas, los comentarios ambiguos de amistades, de familia, de pareja se hicieron notar. Antes ya me había salido de la norma, claro, pertenecí y tuve mi etapa emo, luego me refugié en la lectura, luego migré y luego perdí otra parte de mí. Aun así me conservo por fuera dentro de la norma, madre, esposa o novia, hija, pero siempre Alejandra.
Para nosotras, las mujeres, no es un secreto nuestras máscaras y silencios. Desperdiciamos gran parte de nuestras vidas a la sombra, a veces por necesidades diversas: crianza, cultura, entorno social, economía, del amor romántico otorgado por ya saben quiénes. Por eso durante todos estos años mis prospectos de pareja se han espantado más por ser feminista que poliamorosa. No es raro, todos aquellos asustados ven programas donde explican que la masculinidad debería ser el no proveedor, líder nato o controlador de las relaciones donde una mujer siempre estará dispuesta a todo.
Ahí caen todas las cuestiones sobre ¿Quién soy yo sin toda la identidad que perdí? He pagado un precio alto por exteriorizar mis pensamientos o encontrar siempre una frase machista dicha por cualquiera que me rodea. Los más valientes siempre se han quedado. ¿Valientes? Más bien _______________. Descríbanse como deseen porque es inconfundible para mí que en realidad se quedan por mi carisma inigualable o porque muy en el fondo tienen las mismas ideas que yo, pero al enfrentarse al mundo siendo así se van a topar con la pared del rechazo.
En estas últimas semanas, por otra parte, he viajado muchísimo, he pasado tiempo con una sombra vistosa, he leído ¿Y los hombres qué? y he aprendido a darles consejos para profundizar en sus relaciones sin perder su identidad. Vi nuevamente “Club de cuervos” y me identifiqué con Isabel. Aun asisto a mis terapias y a veces, cuando me siento con ganas de enojarme, entro a Facebook parejas y al primero que quiere una “relación” seria le pregunto sobre feminismo y si acepta una mujer feminista en su vida. A veces me río y hago capturas de pantalla de esas conversaciones por si en algún momento quiero reírme de nuevo.
Sin resoluciones, perdí mi identidad y di paso a la por supuesto “amargada” mujer con tiempo libre para escribir, leer, llorar y ser yo.
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