Por Alejandra Merino Villegas
Conozco muy poco a mi padre, solo sé dos cosas de él: fue un padre económicamente presente y un padre que nos cuidaba si mamá no estaba o quería hacer algo para ella y en pro de su crecimiento personal o felicidad. Solo una vez se enfureció conmigo y fue porque me burlé de algo que me dijo. Mi padre a veces está orgulloso de mi, otras me ve y se preocupa y enseguida me ofrece ayuda como si estuviera perdida. Aun así mi padre no es ejemplar y cuando se trata de pensar en mejores posibilidades siempre me ha de dar un regaño.
Mi padre ha sido quizá uno de los primeros hombres, que conozco yo, que han tratado de pensar diferente pero no se que tan diferente porque a veces mide a los de su género con la vara de los roles que le corresponden. Quizá por ello entiende que estoy en apuros al lado de aquellos masculinos sin la habilidad para darme el mundo entero y la paciencia que merezco. Por ello me manda mensajes amenazantes como si fueran consecuencias inmediatas de actos aún no cometidos “¿para qué quieres tanto dinero?” “Piensalo dos veces antes de irte, piensa dos veces antes de hacer las cosas”, “¿de dónde salió ese cabrón? “Cuando estén juntos voy a hablar con ustedes.”
Pero él no es un padre ejemplar, forma parte de los pocos individuos que planificaron tener hijos y esposa, un primer acierto, ya para la crianza fue otra cosa y para los cuidados o cubrir las necesidades emocionales o sentimentales era otra, estaba desaparecido. No lo culpo, fue la primera vez en su vida que paterno y por ello me asombra la ambigüedad de su desdicha cuando me ve como madre. Una madre medio desinteresada, alejada de su hija y cediendo la crianza completa a su padre. Según Marcela Lagarde en su libro “ Los cautiverios de las mujeres: Madresposas, monjas, putas, presas y locas: ” La relación biológica hace que la mujer asuma la maternidad obligatoriamente aun fuera de otras instituciones. La progenitora materna funda de inmediato la maternidad (290).” En otras palabras, el instinto materno debió acorralarme y tomar mi cabeza desde antes siquiera de pensar en ser madre.
Sin embargo, ser madre fue una decisión consciente y deseada y no he estado preparada para ser madre, aun así, las madres aprendemos al ritmo que los padres y contrario a las creencias populares no tengo un instinto. Aunque, para mi padre soy la figura principal de crianza y cuidados e irónicamente él es el que ha educado ya a su nieta por bastante tiempo. Piensa diferente y no se da cuenta que lo hace. “No dejes sola a mi niña” sigue escribiendo en los mensajes.
Se terminan los mensajes y llamo a mi madre, al verlo parado tras mi madre en la videollamada, su rostro gentil y preocupado me da alegría, me digo nuevamente, no conozco a mi padre.
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