Por Alejandra Merino Villegas
Es la primera cita en Cd. Juárez, la primera vez que escucho hablar a las personas con un shhh, un shhh que se arrastra por mis oídos, el primer acercamiento a la valoración de la lengua hablada, la primera vez sin un ¿sí, di? o un ¿sí, tú?. Esa primera vez de todo, duró tan poco y tardé otro año en cruzar el puente Santa Fe y casi 17 años después mis ojos transmitirian la desoladora memoria de ese abril de 2008, cuando hubo el sí, pero con él apareció el eterno retorno, Ulises.
Odiseo en realidad es su nombre, un poema de las incertidumbres sobre el volver a la patria, a la familia y a la tierra. Escribió Homero:
“Al lloroso infeliz en la isla retiene a su hija (Calipso)
y con dulces y tiernas palabras aturde su mente
porque quiere que olvide a su Ítaca, mas él, que quisiera
ver el humo otra vez de su patria, desea la muerte (31) “
Ulises estaba aprisionado en una isla escuchando las voces que lo transmutaban a la desdicha del encierro y el abandonado en sus recuerdos. Pero los olvidados en Ítaca suplicaban no encontrarse con la memoria discreta de la separación y la necesidad de un pequeño abrazo de Ulises. Es apenas un nimio pedazo del dolor de la migración, pues Ulises era un héroe consolidado antes de salir de su tierra, pero en el mundo real y comparable con la historia de Yoriana y Genesis, ellas lamentablemte solo eran mujeres, en el momento del cruce, nada apasionante que las llevará a conseguir gloria, más bien traumas resguardados con celo en el corazón y una serie de caminos inversos en el Darién que contaban con duplicas las notas del desierto entre México y EE.UU porque cada ciertos años en cualquier lugar hay una duplicación migratoria. Aun así, buscamos el eterno retorno.
Idealizamos encontrar a nuestro hermano quien ha suplicado por meses que vengas a vivir aquí con él, pero como una predicción, todo es una señal del fin del mundo y él estará muerto antes de que te liberen de esa jaula. No lo hagas, mi niña, sal de ahí con alas en vez de arrastrarte entre las manos de los mezquites o las voces grises como Liborio* nos cuenta. Ciertamente las metáforas literarias no encontrarán camino con las historias reales de lo que nos hace llorar, la boda de un hermano, la ausencia de una hija, el beso de una madre y los lugares más ocultos soñados y deseados en el momento de regresar a nuestra tierra.
Sin embargo, esa misma tierra nos hace perder constantemente, pero nos apropiamos del espacio en el extranjero de esa sensación de desprendimiento todo el tiempo. Nada nunca está asegurado y lo supimos desde el primer día que pisamos tierra estadounidense. Salimos como Odiseo a altamar con la esperanza de regresar a lo conocido porque ahí nos espera el pasado que decidimos anclar a nuestra propia Penélope, nuestra Mar, nuestra Mariana, nuestra Karen, nuestra Yuri o nuestra Marcela, y todas ellas serán sombras desprendidas porque la espera ya no es nuestra decisión. Y poco a poco ellas saltarán al presente lejano.
Desaparecerán y, paradójicamente, nuestra Penélope será un Ulises quien estará a la espera de reunirse con nosotros. Nos duplicaremos para no sentirnos solos. Sabremos nuevamente que ningún Polifemo se multiplicará y nublará el juicio para no recordar a nuestro pueblo, los dolores y lo que en primer lugar nos hizo desear salir de ahí y nos hizo desear volver ahí. Yuri Herrera ya lo mencionó en su libro Señales que precederán al fin del mundo: “Creo que eso le pasa a todos los que vienen, siguió, Ya se nos olvidó a qué veníamos, pero se nos quedó el reflejo de actuar como si estuviéramos ocultando un propósito” (103)…
En definitiva, me quedé atónita ante los desgarradores infortunios de no reconocerme aquí ni allá. Entre el bordo y la frontera, entre el deseo de retornar a hace 17 años y no tener que ver con vómito y rabia la multitud sin tanta fortuna como la que tuve yo o mi hombre hegemónico, quienes no pasamos por un cuarto blanco o el lodo y las armas en nuestra frente, solo la espera de tres miserables días a un año y la desgraciada fortuna de ser parte de un techo de cristal del que yo sola caeré.
Recomendaciones:
Libros
*Campeón Gabacho Aura Xilonen
Señales que precederán al fin del mundo Yuri Herrera
Odiseo Homero
Documentales
El maldito Darién
Película
La jaula de oro
Música
La voy a romper Miguel Ortiz y el nuevo estilo







Deja un comentario