Esas malditas malas mañas

Esas malditas malas mañas

Por Alejandra Merino Villegas

Repartí entre las manos más ociosas mi cualidad más grande: la voluntad. Aunque los malos hábitos, también. La cerveza al salir del trabajo o con la comida o con el momento más triste o el momento más feliz, apartado, en silencio. La cabeza alta y los profundos ojos de amor a la hora de ver a quien lo hace feliz, la frustración y las ganas de mantener la rigidez. Aunque el cigarrillo ya estaba ahí junto a la continua repetición del movimiento de la cabeza, porque cada vez que llenaba documentos del trabajo ella se debía sumergir en la tarea de palmear la frente con la mano por las saladas lágrimas que le provocaba él. El cigarrillo, el maldito cigarrillo que no soltaban los dientes, esos dientes de cocodrilo tan similares a los míos.

Los dientes son su única vergüenza y los míos el único alivio porque mi maldita maña es la soberbia quizá por ello jamás se la llevo. Pero ¿cuánta voluntad tomo de mi?, la mitad como para continuar en un ciclo retorcido de vistas sin fin a mi vida desde atrás de la pantalla  aún hoy antes de los veintiséis, felices veintiséis. Hermosa relación parasocial yo te veo y tu me ves, tú y esa maldita mala maña de recolectar evidencia por si acaso en el futuro te puedas beneficiar de ello. Pero nuestro mecanismo para lidiar con la soledad es solo eso: una forma de traspasar los intereses de ambos. Ojala la fuerza que tiene para leer esto la tuviera para escuchar y alejarse en un sórdido silencio o no.

Pero otra maldita mala maña sería la de no reconciliarse con sí mismo a pesar de las sesiones de terapia tan extendidas que ha tenido o viajar a otro estado por alguien a quien amo en dos días en un plan tan insignificante como el de nosotros, mudarnos a frontera. Y la réplica seguirá porque las malas mañas jamás se van. Cambian con el tiempo o se minimizan por el entrenamiento de la conducta. Aunque como me quede con la mitad de la voluntad te veo a mis espaldas.

Hoy veo dos siluetas acostadas en la cama sin conocerse, acordando la intensidad de algo que terminaría en las condiciones del inquebrantable adiós porque las malditas malas mañas de arrastrar la necesidad de estar a solas jamas se iran y la tuya de inmolarse en mi cuerpo se volverá una práctica de dolor que penetre mi cabeza hasta escribirte un halago tan particular como este. Felices veintiséis. Las jovialidad de tus manos podrás lograr cualquier cosa porque yo ya estuve ahí y nunca jamás olvide que es perderse en las malditas malas mañas.

Recomendaciones

Canción: Muñequita sintetica- Jessy Bulbo

Canción: Tus malas mañas- Los Hermanos Arellano

Canción: El ataque de las chicas cocodrilo- Los hombres G

Libro: Crimen y castigo- Fiódor Dostoyevski

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Soy Alejandra

Bienvenida(e)s a Golondrinas y Ovejas un pequeño blog personal donde escribo sobre viajes, lecturas y no monogamias. Disfruto leer y quejarme del mundo en general.

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